Por su actual interés en cuanto al
tema de la espiritualidad como ayuda en el tratamiento paliativo y a petición
de un buen amigo, interesado sobre esta problemática, retomo mi anterior reseña publicada el 12 del
pasado mes de mayo 2016, “introducción al tema de la espiritualidad y salud” y
amplio su contenido con los siguientes conceptos: realidad, energía, salud,
tratamiento paliativo y espiritualidad, con objeto de facilitar la comprensión
del nexo de unión que facilita su
interrelaciones para conseguir alcanzar la curación a nivel global u holístico.
· Realidad. Desde el
conocimiento científico. La ciencia es un método tendente a encontrar en sus experimentos
lo que esperan ver, tocar o manipular que consideran como realidad y verdad,
pero en si misma, no es verdad inmutable ni realidad global, debido a tanto la
verdad como la realidad, se existen también fuera del laboratorio,
circunstancia que los científicos olvidan, con demasiada frecuencia. Así pues, se llega a la
conclusión de que la realidad tiene un sentido amplio o global y no reducido o
local. Planteada la cuestión, cabría preguntarse ¿La verdad científica es la
única realidad?, recordemos lo que dice Paúl Watzlawick -filólogo,
filósofo y psicólogo austríaco, fue uno de los más grandes teóricos de la
comunicación: escribió 22 libros que fueron traducidos a más de 80 idiomas y un
sinfín de artículos científicos y de divulgación: murió a los 85 años en Palo Alto, California-
que dijo: “La creencia de que
la realidad que uno ve es la única realidad, es la más peligrosa de todas las
ilusiones”. Pero, la realidad a la que menos se refieren es: “El ser humano es
un ser energético, es una unidad, única y diferente de los demás seres humanos,
pero, como los demás, configurada por dos abstracciones mente y cuerpo
necesitando la energía como elemento consubstancial a su propia naturaleza,
para vivir y llevar a cabo todos sus procesos en dichas abstracciones y
proyectarla hacia el exterior a través de una conducta interrelacional de tipo adaptativo.
· Energía. La energía es, por lo tanto, lo fundamental para la vida humana y para
todo ser vivo que habita en este Universo o Cosmos y para sus interrelaciones. Ello
es posible, gracias a que somos capaces, de de crear “nexos sutiles de unión
energética” que sintonizan con los emanados por los demás seres, por el mundo
en que vivimos y por Dios. En esta relación se manifiesta el estado de salud o
enfermedad en que se encuentra cada ser humano, en un momento determinado, en
su vivir diario.
·
Salud. Es la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) la que ha definido
la Salud: “la salud es el estado de equilibrio a nivel mental, físico y social y no solamente la ausencia de
afecciones o enfermedad”. Si nos fijamos en el término equilibrio lo
asociaremos a la energía, pues el equilibrio es un proceso y por tanto, para
que se produzca, a cualquier nivel, dice la ciencia es necesario la presencia
de energía. En este sentido, se puede decir que cuando el ser humano puede
mantener ese equilibrio, para poder vivir y relacionarse, su energía se
encuentra a su nivel óptimo y circula libremente por todo el ser, es síntoma de
salud; caso contrario, lo es de enfermedad. Por ello, la energía, de acuerdo con lo
indicado, debería de ser tomada en cuenta al analizar la situación de salud y
tratar la enfermedad.
· Tratamiento paliativo. Los cuidados paliativos deben comenzar en las fases
tempranas del diagnóstico de una enfermedad (Estrategia en Cuidados Paliativos.
Sistema Nacional de Salud. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2007), pero
no ser objeto exclusivo en fase terminal (Institute for Clinical Systems
Improvement (ICSI). Heath Care Guideline: Palliative
Care. Bloomington
(MN): Institute for Clinical Systems Improvement (ICSI); 2007). Nos
encontramos, como siempre, ante el
dilema entre “curar” y “cuidar”: Curar es simplemente postponer y
retrasar lo inevitable, y cuidar es no abandonar hasta el final de lo
inevitable. Tradicionalmente, el arte de curar ha adquirido una notoriedad muy
superior a la acción de cuidar, pero resulta evidente que en una concepción
holística de la salud, curar y cuidar tienen que ir juntos para tratar y cuidar
adecuadamente al enfermo; por ello, se impone la tarea de pensar en esta praxis
desde el comienzo del tratamiento.
·
¿Qué
es la espiritualidad? La conclusión a la que se ha llegado, por los estudios de
investigación llevados a cabo, en centros médicos, altamente cualificados en el
área de la salud, es: “la espiritualidad se convierte en una poderosa fuerza
capaz de ayudarnos a superar la enfermedad”. (Es la propia OMS la que hace
referencia a este concepto al completar la definición de salud, añadiendo a la
misma la dimensión espiritual. En la cuarta edición del Manual diagnóstico y
estadístico de los trastornos mentales -DSM-IV- se reconoce a la religión y la
espiritualidad como fuente de soporte emocional ante el estrés). Desde la
perspectiva energética, la espiritualidad es una manifestación energética que
posibilita que todo nuestro ser no solo viva, también que se relacione, armoniosamente
con su entorno y con los demás seres. Así, incluso, por lo demostrado en dichos
estudios, la espiritualidad se convierte en una poderosa fuerza, que hacen que
nuestras emociones y pensamientos puedan vibrar, para que, rápidamente, sean traducidas por el cerebro en
un lenguaje neuroquímico de potenciales eléctricos y neuropéptidos, que
modifican directamente la actividad celular y activan los sistemas defensivos,
capacitando al individuo a hacer cambios positivos en la evolución de su
enfermedad y su forma de vivirla con los demás.
Ante lo expuesto y su
manera de relacionarse, el profesional de la salud ya no puede correr el riesgo de perder de
vista la globalidad de la persona que atiende y reducirla a un simple órgano, a
una parte del todo. En este sentido, tiene que tener en cuenta: “el ser humano,
la persona, es una unidad energética, configurada por dos abstracciones la
mente y el cuerpo, en equilibrio –como dice la OMS-; es decir, en intima
relación y armonía”. Por tanto, debe de utilizar un tratamiento global u
holístico –energía, espiritualidad, mente-cuerpo y sociedad- A este respecto, dice M.
Scheler -fue un filósofo alemán, de gran importancia en
el desarrollo de la fenomenología, la ética y la antropología filosófica, además de ser un clásico dentro de la filosofía de
la religión-: “no debemos olvidar que el ser humano es espiritual, libre
y autónomo”. Además, como ya se ha
comentado, existe, en la actualidad una demanda social, en los aspectos
paliativos de la medicina, no solo en la fase terminal –fallecimiento- sino
como un continuum a lo largo del proceso. Con la ayuda de la espiritualidad, de
alguna manera, podemos llegar a que entramos atencionalmente en nuestra mente -Mindfulness- y la potenciamos, para alcanzar un nivel mental
tan sutil que nos facilita acceder al nivel superior de energía, es un estado
trascedente de unión con el Todopoderoso, como medio de ayuda para mejorar y
alcanzar un estado de mayor salud y bienestar para uno mismo y para los demás.
Como vemos, la espiritualidad,
tiene su impacto vibracional, en el mundo físico, lo que lleva a comprender que
nuestras creencias, tienen más influencia en nuestra salud de lo que suponemos.
De alguna manera¸ “si creemos que algo nos hace mal, así será; por el contrario
si creemos que algo nos hace bien, así será también”.
Se dice a nivel
científico que todo nuestro ser esta limitado por la piel -La piel es tan solo
un tejido material y visible que nos delimita con el exterior y con los demás
seres-; pero, lo cierto es que por la energía, tejido inmaterial y no visible,
no lo estamos. Esto, sencillamente, es lo permite al cuerpo funcionar a nivel
global para relacionarse y desarrollarse como organismo vivo, pongamos el
ejemplo de una de las células -unidad material energética por tanto viva- que
le configuran; observamos que cada una de ellas, está limitada por su membrana
plasmática que es permeable y dinámica y que mantiene un intercambio de energía
vital con su entorno. Lo mismo ocurre, a nivel global, pues, recordemos que el
ser humano dispone de ciertos sentidos, unos externos ojos, oídos, gusto,
olfato y piel, encargados de captar las manifestaciones energéticas visual,
auditiva, gustativa, olfativa y térmica /emocional, respectivamente y otros
internos que son los encargados del equilibrio –cerebelo- y de ajustarnos a los
ritmos de 24 horas (ritmo circadiano) –glándula pineal- manifestaciones
electromagnéticas, para poder satisfacer equilibradamente, sus necesidades
energéticas adaptativas a su entorno de una manera saludable; es decir,
equilibrada, tanto de día como de noche.
Esperando
que esta exposición haya sido de interés para el lector y, para no hacer demasiado
extensiva la exposición, se indica que para los interesados en el tema de la
espiritualidad como ayuda positiva y eficaz en la salud/enfermedad y quieran ampliar
datos sobre lo expuesto pueden solicitardo dejando el correspondiente
comentario